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lordwarden [entries|archive|friends|userinfo]
lordwarden

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Seguro que nunca os han regalado uno de estos [Dec. 12th, 2007|11:59 pm]


...con su lacito y todo.


Por cierto, ¿tiene nombre? Es que estoy un poco tajado...

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Corvus Corax [Dec. 2nd, 2007|10:45 pm]

Puesto que [info]yoshi_wara ha escrito sobre el concierto de Corvus Corax en Vigo con bastante retraso, pondré las fotos del concierto de Madrid.

 Fue el domingo 11 de noviembre. No me termino de acostumbrar a esto de los conciertos en domingo. Vamos, que ni me va ni me viene, pero es raro. No conocía a los teloneros, que supongo que fueron los mismos en Vigo, pero me gustaron bastante. Como fui el único puntual (es decir, llegué tarde, pero menos que los demás) compré la entrada y me fui a tomar una caña, momento que aproveché para llevarme por delante a la cantante telonera. CC estuvieron magníficos y simpatiquillos. Me alegró encontrarme a Ariadne, a quien no veía hacía mucho; y a Mariajo, a quien no vi en el momento de encontrarla, y me la llevé por delante. Vamos, que esa noche estaba arrollador. A la salida nos encontramos a Irene. No me la llevé por delante, pero sólo porque es la novia de un amigo.

Sin más, las fotos:


















Algún día me enteraré de cómo funciona el photobucket ese y pondré fotos que no hayan sufrido raquitismo ni problemas de tiroides durante su revelado...

 

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Gracias [Dec. 1st, 2007|11:20 pm]
Por Ti cultivan la tierra,
la Patria goza de calma,
por tu conducta en la guerra,
brilla airoso tu Pendón. 








El Picoleto (Arturo Pérez-Reverte)


En la sierra de Madrid anochece gris, brumoso y sucio. Llevo todo el día dándole a la tecla y me apetece estirar las piernas, así que me enfundo la cazadora de piloto del Güero Dávila y salgo a dar un paseo. Cae una llovizna fría, y el agua en la cara me espabila un poco cuando bajo hasta el bar de Saturnino, que está junto a la carretera, en busca de un café. El camino pasa por la iglesia, en cuyo porche me entretengo un rato con don José, el párroco, que está allí con su eterna boina, como un centinela en su garita. ¿Qué te parece lo de ese pobre chico?, dice. Y me cuenta. Hace sólo unas horas, muy cerca de aquí, dos heroicos gudaris han asesinado a un joven Guardia Civil cuando éste se llevaba la mano a la visera de la teresiana para decir buenas tardes.

Hablamos un rato del asunto, el páter me cuenta los detalles que ha oído en la radio, y luego me despido y sigo mi camino bajo la lluvia.

Cuando llego al bar, llueve a cántaros. Digo buenas tardes, me apoyo en la barra sacudiéndome como un perro mojado, y pido un cortado con leche fría. Saturnino, que es grande y tripón, deja la partida de mus y pasa al otro lado del mostrador mientras sus contertulios aguardan, pacientes. En la tele, sin sonido, hay un concurso idiota; y en la radio Rocío Jurado canta como una ola, tu amor llegó a mi vida, como una ola. Enciendo un cigarrillo. Junto a mí, en la barra, están cinco albañiles de las obras cercanas; son tipos duros, de manos rudas, manchados de cemento y yeso. Fuman y beben cubatas y carajillos de Magno mientras comentan lo del “picoleto” muerto, a su estilo: nada que ver con las tertulias políticamente correctas que uno escucha en la radio ni con los circunloquios del Pepé y el Pesoe. Por lo menos, comenta uno de ellos, un etarrata se llevó lo suyo. Y lástima, añade el otro, que no le dieran un palmo más arriba, al hijoputa. En los sesos. Ése es el tono de la charla, así que tiendo la oreja. Otro cuenta cómo el segundo guardia, herido en el brazo derecho, aún tuvo el cuajo de seguir disparando con la izquierda. Y el del paraguas, añade otro. Ése que pasaba de paisano y corrió a ayudarlos con el paraguas de su mujer como arma. Compañerismo, opina un tercero. Y huevos, apunta otro. Sabe Dios cuántos guardias civiles han muerto ya con esto de ETA, dice alguien. La tira, confirman. Han muerto la tira. Y ahí siguen, los tíos. Aguantando mecha sin decir esta boca es mía. ¿Os acordáis de sus hijos muertos en las casas cuartel?

Me quedo oyéndolos un rato mientras doy unos tientos al café infame de Saturnino. A veces son como son, comenta un albañil. Tarugos de piñón fijo. Pero hay que reconocer que siempre están donde tienen que estar. ¿No? Martínez, les dicen, ponte ahí hasta que te releven. Y Martínez no se mueve de ahí aunque se hunda el mundo o lo maten. Por ciento ochenta mil pelas al mes que cobran. Y sin sindicatos, que tiene guasa la cosa. Eso vale algo, dice otro. O mucho. La prueba es que la gente dice que tal, y que cual; pero cuando tienes un problema, ni Gobierno, ni Rey, ni leches. De los únicos que de verdad te fías en España es de la Guardia Civil. Los cinco siguen un rato comentando el asunto. Y en ésas, como si estuviera preparado, se para afuera un coche verde blanco con pirulos azules. Por la ventana veo como salen dos guardias; otro empuja la puerta y entra. Es un guardia joven y alto. Tal vez se parece al que acaban de matar. Hasta es posible que pertenezca al mismo Puesto de Villalba, o al vecino de Galapagar. El guardia dice buenas tardes, se quita la teresiana y viene hasta la barra. Un café, por favor, le pide a Saturnino. Solo. Al entrar se ha hecho un silencio. Los albañiles lo miran y hasta los del mus se olvidan de los duples y del órdago. Cuando tiene delante el café, el picoleto saca del bolsillo dos aspirinas, y se las traga con unos sorbos. Qué le debo, pregunta, echándose la mano bolsillo. Saturnino va a abrir la boca, cuando del grupo de los albañiles le hacen un gesto negativo. Está invitado, rectifica Saturnino. Por los caballeros.

El guardia se vuelve hacia el grupo y mira un instante sus monos y ropas manchadas. Sus caretos masculinos y honrados, solemnes, sin afeitar, fatigados de todo el día en el tajo. Los cinco lo observan muy serios. Gracias, dice. Algún albañil inclina un poco la cabeza. Nadie sonríe ni dice una palabra. El picoleto se pone la teresiana y se va. Y yo me digo: me han ganado por la mano estos cabrones. Tenía que habérseme ocurrido. Ese café habría debido pagarlo yo
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Dos amigas [Nov. 30th, 2007|01:55 am]

El otro día pasaron por España dos amigas extraordinarias. Una Es doña Carla Fernández-Durán. Tiene un trabajo envidiable. No, no es marquesa viuda ni está en m&a. Está sacando adelante un país. Hay quien saca adelante una familia, y hay quien saca adelante un país. Es cuestión de ponerle un poquito de interés... Vale, admitiré que es un país pequeño y que no lo está haciendo ella sola. Carla está en no sé qué carajal europeo en Mauritania. Hace poco un golpe de estado derrocó al gobierno corrupto de ese país y celebró elecciones libres (porque los golpes de estado no son necesariamente malos: Padilla y Riego son hombres santos). El actual gobierno está intentando occidentalizar el país: elecciones libres, lucha contra la corrupción, derechos a las mujeres. Supongo que esto será con el comodín del cincuenta por ciento, como todo en África. Pero, aun así, es algo encomiable. Y allí está Carla, organizando y participando en las conferencias y reuniones entre los políticos y catedráticos europeos y la clase dirigente mauritana. En general, la humanidad me pilla bastante de vuelta, y lo de África ni os cuento. La ayuda al desarrollo me parece una tomadura de pelo que roba el dinero a los pobres de los países ricos para dárselo a los ricos de los países pobres. Sin embargo, creo que sí hay cosas que vale la pena hacer (¿qué necesita África? Leed el extraordinario discurso del Dr. Sala i Martín), y una de ellas es la que está haciendo Carla.

 La del jersey de rayas es la Sra Fernández-Durán; y en el sentido de las agujas: González Pérez, Dra. Gortázar (Cristina), Triviño, Araneo, Brancós, Pérez Inaraja, Tejero Mayor -peor sería Tejero Teniente Coronel-, Gortázar (Carmen).











           
La otra persona extraordinaria que pasó por España es doña Nuria. Todo lo que diga de ella es poco. La Señora de Oca es mitad navarra y mitad catalana, pero no muy autonomista que digamos. Recuerdo un concierto extraordinario en la Madelaine que ya contaré en otro momento. A la salida, nos oyeron hablar en español y un valenciano (un poco esquérrico el hombre) preguntó de dónde éramos. “Yo de Pamplona”, “Ah, ¿de Iruña?”, “No, de Pamplona”. Y es que Nuria es más firme que un mástil. Por algo la llamamos Condoleezza. Otra vez montó un pollo en el museo arqueológico de Atenas porque ella era ciudadana europea y, de acuerdo con los Tratados de la unión, no podían cobrarle más por la entrada que a los estudiantes griegos. Y tras llevarse la razón no se llevó una cariátide porque no quiso. Con ella me colé en la Ópera de París, y con ella tuve que salir corriendo de los Uffizi perseguidos por el celador... para volver a salir corriendo de unas ruinas en Roma apenas dos días después, perseguidos por la policía.

            Está haciendo un master en Georgetown –con beca Fulbright, la tía- y aprovechó Thanksgiving para venir por aquí. Allí no le están dando clase unos señores que saben mucho de política internacional y geoestrategia... le están dando clase quienes diseñan y deciden la política internacional y la geoestrategia. No os aburriré con el elenco, pero es acojonante. Dentro de cinco años preguntadme qué está haciendo Nuria, que seguro que vale la pena.
              Cenamos tanto el sábado como el domingo. La ocasión me obligó a perderme el último evento del Conde de Saint Germain, pero ya quedaremos la semana que viene para una caña...


Romero Garro, Sáenz, De Oca, Zafra, Ruiz Cabanes, Vilas, Pastur.

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Los libros de citas [Nov. 25th, 2007|11:42 am]

Los libros de citas son una calamidad para la humanidad. No, no me refiero a la agenda de una madame. Hablo de esos libros que te arrojan un parrafito solemne o ingenioso de un autor... aunque no tengas ni pejolera idea de qué va el sarao. Estos inventos sirven para que el ágrafo pase por cultivado.

Así, el Bullshit Development Deputy Manager de cualquier multinacional puede marcarse una presentación de powerpoint metiendo alguna frase grandilocuente. Lo normal es que, en su caso, las frases sean de algún gurú del marketing del palo de Druker o Porter. Tampoco descartemos que citen a Dickens o Lewis Carroll, muy en boga en los ladrillos de dirección de empresas. El cultureta talludito no podrá refrenarse y, en su manifiesto contra lo que sea y contra Bush, citará a Brecht y a Blas de Otero. Por el contrario, si el gafapasta es jovencillo, traerá por los pelos a Dick o a vaya usted a saber quién. En este último caso, además, la cita no pegará ni con cola. Los periodistas se dividen entre los que te cascan alguna ocurrencia de Wilde y los que te la cascan de Shakespeare. Los primeros son más blanditos, con poca formación, y suelen dedicarse al corazón, o a veces son becarias agosteñas. Los segundos pertenecen a la casta de los columnistas. Algo huele a podrido en el reino de Dinamarca, Ser o no ser, No te matará hombre nacido de mujer, Si nos pinchan ¿no sangramos?, y por ahí todo seguido. Si es columnista de diario, será fatuo e insertará la cita en el consejo que dé a algún ministro. Si es columnista de suplemento dominical, hará algún chascarrillo. En plan coleguilla: mira como domino al Chéspir ese pero yo soy divertido.

El elenco sería interminable: el profesor opusino y sus citas bíblicas (aunque reconozcamos que, en este caso, sabe de lo que habla), el conferenciante irónico y sus citas de Clarasó o Wilder, la lideresa nacional y sus citas de Hayek, etc.

Hay determinadas citas catastróficas que son comunes a toda la humanidad, y no por eso son correctas. Por ejemplo, “con la Iglesia hemos topado”. Vamos a ver. El Quijote dice “con la Iglesia hemos dado”. Es lo mismo, sí. Pero quien quiera dárselas de haber leído el Quijote, está haciendo el ridículo delante de su auditorio. También siento mucha vergüenza ajena cuando alguien, sin venir a cuento porque es una frase difícil de calzar, te suelta: Como decía don Juan Tenorio “los muertos que vos matáis gozan de buena salud”. Un cojón de pato, chaval. Esa frase no la encuentras en el Tenorio. Siempre me callo piadosamente, pero entonces aparece un cabestro y remata: “no, no lo decía don Juan, sino don Luis Megía”. Y el tío se queda tan ancho. La frase, en verdad, se dice en “El Cid” de Corneille. Pero eso ya es para nota.

Hay meteduras de pata ignominiosas. En el discurso inaugural de un Año Judicial, el entonces Fiscal General del Estado, que es un señor que debería saber un poquito de Derecho Penal, dijo: “como ya dijeran los jurisconsultos romanos nullum crimen, nulla poena, sine lege”. Esa bellísima frase “nullum crimen, nulla poena, sine lege”, no existirá delito ni se impondrá pena si no hay una ley anterior al acto cometido que lo establezca, fue acuñada por Anselmo Feuerbach –el padre del filósofo- en el s. XIX. A los romanos, el principio de legalidad penal se la traía un poco floja, como ve cualquiera que lea las Catilinarias. No hace falta ser jurista. Ni Fiscal General del Estado.

Otras frases son mal traídas no por negligencia, sino por malicia. A principios de verano fui al Teatro Real para ver Madame Butterfly. En un momento dado, Pinkerton (el americano protagonista de la ópera) enseña su casa a Sharpless (Cónsul en Japón). Éste pregunta si la ha comprado y aquél responde que sólo durante 999 años, pudiendo rescindir cada mes. Elogia la flexibilidad del contrarto y Pinkerton dice “Dovunque al mondo/ lo Yankee vagabondo/ si gode e traffica/ sprezzando i rischi./ Affonda l'ancora alla ventura.” Es decir: “En cualquier lugar del mundo,/ el yanqui vagabundo/ disfruta y especula/ despreciando riesgos./ Echa el ancla al azar”. El fragmento sigue un rato más, haciendo el retrato de los yankis como hombres aventureros que se beben la vida. Tiene su parte buena y su parte mala, y Mr. Pinkerton se revela bastante caradura. Bueno, pues terminada la obra, el director del montaje volvió a proyectar precisamente ese fragmento del libreto. Así, con dos cojones y con mi dinero. Que quede claro que es pijoprogre de pedigrí y que, si se presenta la oportunidad para criticar a los americanos, aunque no venga a cuento, se hace. La cita no está traída por los pelos. Simplemente la puso porque le apeteció.

Sin embargo, creo que entre todas las citas perpetradas, la más irónica fue la del diario Expansión. Hace años propusieron un juego que necesitaba de la colaboración de los lectores y cuyo relato no viene al punto. Para animar a participar, el redactor citaba a Nietzsche. Aquí mi primo, que juega al mus. Supongo que cuando pide café cita al Almirante Colón; y si alguien estornuda, a san Agustín. Las palabras me pueden bailar (porque yo no tengo libros de citas), pero venía a decir “Dentro de cada hombre hay un niño que quiere jugar”. Este tarugo, al que Dios ampare, se puso en evidencia a sí mismo. No ha leído a Nietzsche ni a su anciana madre; lo ha sacado de uno de esos libros nefandos, si no es que viniera la cita en el almanaque que tuviera en la oficina. Esa frase de N. (me canso de escribirlo) no es una incitación al juego, sino la condensación de su ética, la más revolucionaria y devastadora de la filosofía en los últimos siglos. Para N. el hombre está llamado a una transformación espiritual desde su estado actual hasta ser el superhombre. Actualmente es un asno, que carga con los valores sociales. De ahí pasará a león, que se revuelve contra ellos. Y de ahí a niño, que se acerca a la realidad sin prejuicios morales, viviéndola naturalmente. Es un paso más allá del león porque no niega los valores, sino que no es consciente de ellos, no están en su mundo. Esta manera irracionalista de interactuar con la realidad es a la que N. llama el juego del niño. Pero, claro, esto no viene en los libros de citas.

Al final, tendrá razón Olivares cuando decía que “los grandes hombres no fundan sus discursos en las palabras de autores pasados, sino en argumentos y razones”.

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Chávez, ese hombre [Nov. 20th, 2007|07:58 pm]
Quería escribir una entrada sobre Chávez. No tengo tiempo y andaba yo preocupado porque ya hubiese pasado de moda para cuando la escriera. Parece que no tendré que preocuparme, porque el tío sigue con que si la abuela fuma. Lo último:


El presidente de Venezuela, Hugo Chávez, volvió a pronunciarse este martes en París sobre su incidente con el Rey Juan Carlos, al referirse al viaje que emprenderá en avión hacia Lisboa. "Vamos a pasar rasante por La Zarzuela. Espero que no me disparen", ironizó.

de El Mundo.

Claro, si esto lo dijera algún tiñalpa, no pasaba nada. Lo malo es que este señor es Jefe  de Estado (o así). Y no está del todo bien que un Jefe de Estado insinúe propósitos homicidas por parte de otro. Supongo que después de esta frase, el Sr. Moratinos está redactando un comunicado tal que éste: "Ante las graves insinuaciones vertidas por el Sr. Chávez Frías, el Gobierno de Su Majestad [esto es por joder un poquillo] revoca la autorización para utilizar el espacio aéreo español y no reconoce la extraterritorialidad de la aeronave y las invioliabilidad de sus ocupantes". Hala, y que le pille el borrascón que aparece sobre el Atlántico en el mapa.
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¿El doctor Livingstone, supongo? [Nov. 18th, 2007|09:10 pm]
Ayer sábado fue el aniversario del descubrimiento de las cataratas Victoria por el Dr. Livingstone, allá por 1855. Este señor era un misionero escocés y errabundo que pasó varios años perdido por las selvas africanas, sin que se tuviera noticia de él. El New York Herald envió al peculiar Mr. Stanley en su busca. En aquella época, África era un continente inexplorado y hostil. La expedición fue durísima: un clima devorador, animales salvajes, luchas con los nativos, insubordinaciones, muertes por diversas enfermedades, la desesperación de no tener un mapa señalando el destino... un día llegaron a un poblado cercano al Lago Titicaca. En él, vivía un hombre blanco, cosa insólita. Mr Stanley se acercó a él y haciendo uso de su flema británica (era emigrante, pero galés de nacimiento) dijo: “¿El doctor Livingstone, supongo?”. Era el diez de noviembre de 1871.
            Hace unos meses, estábamos tomando unas cañas y se alargaron un poco. Decidimos que, ya puestos, procedía tajarse. Y nos fuimos al Why not? Éste es un local mítico de Chueca, el barrio gay. Se entra bajando unas escaleras que desembocan en una sala alargada, angosta, con el techo en bóveda de cañón de escayola que asemeja la decoración interior de la cúpula del Panteón de Agripa. Siempre está a reventar de fashion gays. Y allí estaban, bebiendo felices, nuestro Ilmo. Dr. Obregón, Decano de la Facultad, y el Ilmo. Sr. Beltrán, Presidente de Sección de la Audiencia, entre otros. Claro, no pude evitar acercarme con cara circunspecta y decir: "¿El doctor Obregón, supongo?".
            El encuentro con Su Señoría fue providencial, ya que se ofreció a llamar a mi querida Laura, muy nerviosa por haber sido citada como imputada en los juzgados de Plaza de Castilla. El Sr. Beltrán es un heterosexual compulsivo dispuesto a echar un capote en cualquier asunto de faldas.
            Precisamente en el aniversario del feliz encuentro (el de Mr Stanley, no el mío) fuimos a cenar a Leblon, un local que se anuncia bajo el reclamo “ambiente de gente guapa”. Las cosas claras, oye. Sin complejos. En fin, ya puestos resumamos que no valía lo que valía. Habíamos decidido cenar bebiendo Tanquerai para celebrar que la Sra. Suazo ha sido nombrada Brand Manager de la marca. Nuestro ángel custodio quiso que no tuvieran en el restaurante y terminamos con un toro aceptable, después de encarnizada refriega de riojistas y riberistas. Hablamos de todo un poco. Una de las asistentes explicó que ella necesitaba un hombre que ganase mucho más dinero que ella. No por el peculio en sí (ciertamente, nunca va a necesitar más dinero del que tiene) sino por admirarlo. Aclaró que no servía la admiración intelectual, ni artística, ni espiritual, ni na’ de na’. Supongo que habrá a quien le parezca horrible. Yo no lo comparto, pero no lo condeno. No lo veo más inmoral, arbitrario o interesado que preferir otras cualidades como la belleza, la inteligencia, el genio creador, la simpatía, la determinación o el humor. ¿por qué nos sentimos atraídos por otras personas?
            De allí nos fuimos al Oliveira, donde ya pudimos despacharnos a gin tonics. El Sr. Poza había pasado cuatro madrugadas de la semana en Gómez-Acebo&Pombo desfaciendo los tuertos legales de la empresa propietaria de Tanquerai, y decidió deshacerse disimuladamente de su gin tonic, para pedirse otro de Bombay Saphire como un señor. A continuación nos zurró la explicación de la batalla de Cannas. A lo que yo respondí con mi “fulanito es un tío cojonudo y no sé por qué os cae mal”, que tanto éxito de crítica y público ha cosechado en pedos anteriores.
            La noche terminó en el Elástico, aunque yo non lo vide, porque ya estaba cansado. Al alba, el Sr. de Simón bajó de su coche para aliviarse en un aparte; momento que aprovechó la Sra. Ríos para tomar el volante y largarse. La idea había sido propuesta por el Sr. Poza, pero en el último momento decidió bajarse del coche, lo que le condenaba a quedarse en la fría calle junto al Sr. de Simón. “¡Eh! ¿Por qué te bajas? ¡No te irás a rajar ahora!”. “¡Qué va! Es que no quiero perderme la cara de Luis”.
 
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Quod scripsi, scripsi... et quod non, ne. [Nov. 15th, 2007|01:07 am]

Uf, quiero escribir de un montón de cosas. En una libreta voy apuntando aquéllas que no puedo olvidar. No necesariamente para el LJ. También para aclarar mis ideas. Por ejemplo, este fin de semana, y más o menos el resto de la semana (sí, fue un poco ajetreada), y así hasta el verano. También me apetece contar varias anécdotas. Y poner en orden varias ideas sobre el modelo de Solow, y un par de cosillas sobre la teoría de consumo de Friedman. En fin, lo de invadir Rusia lo tendré que dejar para más tarde. Aunque si nombro cónsul a mi caballo, quizá...

Y tengo que empezar el esbozo de lo que será mi aclamada novela, La redención de los dominios. ¿A que suena acojonante? Muy mesiánico y tal. Pero el origen es muy otro (no vale usar google). Lo malo es que será la obra cumbre y, por tanto, la penúltima que publique. Tendréis que esperar. Y no, la obra cumbre no es la última. La última la escribes cuando ya te han dado todos los premios posibles y el Sr. Lara te compra para que ganes el Planeta como a Cela con ese tostón de La cruz de San Andrés (pobre Millás, menuda cabronada le han hecho poniendo a Yzaguirre de finalista -¿el apellido de Boris es con Y? Sí, el de Boris Yelsin ya lo sé; me refiero al de Boris Yzaguirre?... ¿o con Y es el Vermut Yzaguirre?). Eso me recuerda que mi tío Adolfo también tiene decidido el título de su novela: Escalada al monte de Venus. Mi tía no es partidaria. Ahora que lo pienso, también debería hablar de Adolfo. Puede ser inabarcable.

Por cierto, la libreta me la regaló Jack Daniel. No nos conocemos personalmente. Venía de regalo con una botella. La semana pasada me regaló un par de vasos. Estoy por alcoholizarme a ver con qué me sorprende la semana que viene. Es como ser la amante de un potentado.

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A puntito de sentirme monárquico, oye [Nov. 6th, 2007|10:49 pm]

SM

 
En uno de sus primeros viajes a Hispanoamércia, el presidente de la República que fuera inició el discurso: "Bienvenido, Señor. Llevábamos cinco siglos esperándolo". Tras el acto, el Rey preguntó en un aparte al general Fernández Campo, Jefe de la Casa Real, si creía que debían interpretarse la frase como un saludo afectuoso o como un reproche. A lo que el conde de Latores contestó "Pues ambas cosas a la vez".
 
El dictador marroquí ha condenado el lamentable viaje, y bla bla bla. Supongo que el Sr. Moratinos ha vuelto ya de sus vacaciones (en Marruecos) y está apunto de llamar a consultas al Embajador de España. Seguro.
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Del amor y otras causalidades [Nov. 5th, 2007|01:42 am]
         Un sesudo estudio determinó que llevar paraguas alargaba la esperanza de vida y aumentaba el perímetro torácico. Hay que reconocer que es sorprendente, pero los datos estadísticos eran concluyentes. Así lo publicaba un estudio realizado a finales del s. XIX en Inglaterra. ¿Debía el gobierno entregar paraguas a los ciudadanos para mejorar su vida? Bueno, parece que no. Efectivamente había una fuerte correlación entre tener paraguas y la calidad de vida, pero eso no prueba que una provocase la otra. Es más razonable pensar que, quien tenía paraguas en el s. XIX, tenía suficiente dinero para gozar de mejor alimentación y medicinas.
          Me vino esto a la cabeza cuando, tomando unas cañas, una amiga justificaba el horror que le había producido un chico. Habían ligado una noche. Días después, quedaron para tomar un café y él se presentó con una chaqueta desangelada con brillos. Cuando lo vio, sintió algo parecido a vértigo. Él hablaba de su trabajo, y ella veía las mangas de la chaqueta engullendo sus manos. Él sonreía, y ella veía los carteles de neón reflejados en las solapas. Era tal la paranoia que, cuando él intentó besarla, ella creyó ver montoncitos de caspa sobre el tejido marengo. Mi amiga afirma que, si todo esto le importaba, es porque ella no estaba colada por él –decir enamorada puede parecer excesivo-, que él no era la persona correcta. No era su media naranja. Pero, ¿cuál era la causa y cuál el efecto? Más me parece a mí que él dejó de ser el hombre adecuado cuando apareció con esa chaqueta.

 De pie: Sra. Tera de Gracia y Sr. Sáenz.
 Sentados: Sra. Sola, Monsieur Lefèbvre y Sr. Zafra.
 Sentadísima: Sra. Vallejo
.









          Estos dos ejemplos pueden parecer de cajón, pero no siempre es evidente. Precisamente hoy, comenta la prensa un artículo de la Dra. Marcos concluyendo que la felicidad ayuda a evitar las enfermedades. Me consta personalmente que la Dra. Marcos es persona muy cabal e inteligente, pero me parece que ha encontrado una regresión estadística y cree haber encontrado una causalidad.
 
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La biblioteca de Sarajevo [Oct. 26th, 2007|11:34 am]

Veronika, que sus razones tendrá para escribir su nombre con k y que suele ser pacífica, aprovechó mi ausencia para ordenar los libros. Ni siquiera amenazó con ello. Sucedió de improviso. Cualquiera que tenga unos cuantos libros recibe la noticia de que han sido ordenados como un judío recibiría la noticia de que no tiene que preocuparse por buscar trabajo, que le han encontrado una solución final. Es un eufemismo siniestro. Entre las naciones civilizadas ordenar la biblioteca de otra persona es crimen de lesa humanidad. Y si no lo es, da igual. Debería.

Me apresuré a trompicones, con el corazón en un puño, y allí estaba. El marasmo convertido en estética. Todos los libros colocados por alturas, como los hermanos Dalton. Para quien no conociera los libros, la imagen podía ser agradable; ya digo, estética. Escaleras ascendentes y descendentes por los que podrían corretear los gnomos de imprenta estando ya mi casa sosegada. Por contra, para mí era una visión espantosa, cruel. Donde el paseante circunstancial ve una seta colorida que arrancar como recuerdo, el montañero ve un veneno letal que evitar a toda costa. Donde el primero contempla un atardecer idílico desde una cumbre, el segundo contempla el arriesgado camino de vuelta entre la oscuridad y el frío. Por eso, su reacción será de horror ante una visión que, para el observador no avezado, es inofensiva o bella.

No tuve fuerzas para colocar nada. Me sentí como el vaquero al que los matones de un cacique incendian la cabaña para que deja franca la tierra. El vaquero no abandonará la tierra. Es suya y morirá defendiéndola pero, antes de levantar su casa de nuevo, necesita sobreponerse al martillazo. Apenas enderecé alguna situación que rozaba la obscenidad. Arranqué a don Miguel de las fauces de Barbara Wood. Lo limpié como pude, pidiendo disculpas una y otra vez. Me sentí azorado, avergonzado. Don Miguel siempre había estado rodeado de gente muy principal, ya fueran clásicos a su altura, como Shakespeare, ya sesudos comentaristas de su obra, como Riquer. Igual que una niña bien que viva en el barrio de Salamanca y estudie en el Recuerdo, no puede imaginar la pobreza y la desolación que se esconde en las Barranquillas; don Miguel, encajonado en un estante de primera y disfrutando de amistades elevadas, jamás había podido imaginar el infierno en mi librería. La luz de su genio jamás le permitió ver que, en las lejanas baldas, se extendían las tinieblas de la mala literatura, de volúmenes sin desbarbar, de manuales de asignaturas estúpidas. No he tenido arrestos para abrir sus páginas desde entonces. No soy digno de que se siente en mi regazo.

Otras situaciones no eran menos delicadas. Ciertos libros, que por su naturaleza escondía pudorosamente, quedaron a la luz. No estaban guardados en un cajón, sino colocados al revés. Mostrando la canaladura al observador. Habrá quien diga que tan pocas precauciones sólo pueden obedecer a un deseo inconsciente de exhibirme. Pues oye, quizá. Pero casi prefería dejarlo para otro día.

La reconstrucción llevará su tiempo. Los volúmenes no cabían en los estantes, así que sobre los verticales, estaban colocados otros horizontalmente. El asunto tenía su miga, pues había conseguido que los primeros estuvieran ordenados, los segundos relacionados con aquellos y, aquí venía lo difícil, que las alturas de los verticales coincidiesen de tal modo, que los horizontales estuviesen realmente horizontales, no en pendiente.

            Un día de estos empezaré a ordenarlo. Como haría el vaquero devastado, me serviré un bourbon, me remangaré la camisa, y veré qué se puede salvar.
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(no subject) [Oct. 12th, 2007|12:19 pm]



A las dos horas después de la media noche pareció la tierra, de la cual estarían dos leguas. Amañaron todas las velas y quedaron con el treo, que es la vela más grande sin bonetas, y pusiéronse a la corda, temporizando hasta el día viernes, que llegaron a una isleta de los Luchados, que se llamaba en lengua de los indios Guanahani.

Luego vieron gente desnuda, y el Almirante salió a tierra en la barca armada, y Martín Alonso Pinzón y Vicente Anes, su hermano que era capitán de la Niña. Sacó el Almirante la bandera real, y los capitanes con dos banderas de la Cruz Verde, que llevaba el Almirante en todos los navíos por señala con una F y una Y: encima de cada letra su corona, con una de un cabo de la t y otra de otro. Puestos en tierra vieron árboles muy verdes, y aguas muchas y frutas de diversas maneras. El Almirante llamó a los dos capitanes y a los demás que saltaron en tierra, y a Rodrigo de Escovedo, escribano de toda la armada, y a Rodrigo Sánchez de Segovia, y dijo que le diesen por fe y testimonio cómo él por ante todos tomaba, como de hecho toma, posesión de la dicha isla por el Rey y por la Reina, sus señores, haciendo las protestaciones que se requerían, como más largo se contiene en los testimonios que allí se hicieron por escripto.


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Santiago y cierra España [Sep. 24th, 2007|10:33 pm]


 


Este señor se llama Ayman Al Zawahiri. Es lo que los expertos llaman un gilipollas. Antes era médico. Poco a poco le fue cogiendo gusto a eso de matar gente y ahora es el lugarteniente de Al Qaeda. Un carrerón, vamos. En su última arenga en internet, el tío llama a los musulmanes a "liberar" el Magreb de la presencia de franceses y españoles. Esto va en la línea de su anterior intervención, en la que llamaba a recuperar Al Andalus (o sea, de Covadonga hacia abajo) para la nación islámica.

En fin, luego la gente piensa que con estos tíos se puede dialogar. Puede que la actitud de Aznar diese más proyección a la postura española y eso incrementase las probabilidades de atentado. Pero estos tíos son unos locos, unos iluminados que están dispuestos a imponer su tiranía sobre todo aquél que no se enfrente a ellos. Por tanto, abandonar Irak no evitó que nos odien, ni irnos de Afganistán lo evitará. Luego pedirán Ceuta y Melilla a cambio de la paz. Y luego que metamos en la cárcel a quienes insulten a Mahoma, ése que dio el braguetazo. Después, que se aplique la ley islámica a los musulmanes, y así ad infinitum. No dejarán de pedir cosas, hasta que sólo nos quede por entregar nuestra propia libertad. ¿Es eso lo que que buscamos? No es por volver a Churchill, pero ¿sirvió de algo ceder la cuenca del Rhur? ¿y Austria? ¿los Sudetes? ¿Checoslovaquia? Psicológicamente es cómodo encontrar una receta que nos solucione los problemas milagrosamente. Lo malo es que los problemas no se solucionan sin esfuerzo. Es más cómodo convencerse de que cediendo un poco compraremos la paz, pero eso sólo sirve para hacer más fuerte al enemigo. No me preocupa que varios millones de locos quieran hacernos la guerra. Así es la vida y en peores plazas hemos toreado. Lo que me preocupa es una sociedad muelle, bienpensante y pusilánime que es incapaz de defender sus valores, de enfrentarse a los enemigos con la frente alta y el alma serena. 

En lo que a mí respecta, aquí los espero.

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Cuatro bodas y un funeral [Sep. 2nd, 2007|12:17 am]
            No tengo fuerzas para salir, así que aprovecharé para escribir un poco sobre mis últimos días. Los últimos hasta el día de hoy, no los últimos en total. Nada más lejos de mi intención que morirme ya. No me gusta dejar las cosas a medias, y menos la vida. ( -¿morirme yo, doctor? ¡eso será lo último que haga!). Hay que dejar toda la vida hecha y bien terminada, que ya se sabe que para que las cosas salgan bien tiene que hacerlas uno mismo. No basta con que todo quede atado y bien atado.
Si no, puede sucederle como a mi tío Enrique, que se murió sin enterrarse antes. Y ya la hemos liado. Mi tío Enrique, único hermano de mi padre, era un bromista y un tarambana. Madrileño, odiaba cordialmente a los sevillanos, que eran sus vecinos cuarenta años hacía. No soportaba su gracejo y su pachorra, lo que era extraño, pues compartía esos rasgos. Convenció a sus hijos de que el viaje hecho por mi padre a la Unión Soviética muchos años ha fue para recibir la Medalla Lenin de manos de Kruchev por inventar los tubos fluorescentes. No me refiero a ese prodigio del buen gusto que usan las cafeterías con barra de acero inoxidable. No, sino a los tubos plásticos que se reparten en fiestas y verbenas con un líquido lechoso dentro que, al agitarlo, brilla en la oscuridad en tonalidades extraterrestres. Como iba diciendo, se murió inopinadamente hace tres o cuatro años. Los hijos decidieron incinerarlo, aplazando el qué hacer con las cenizas. Ahora se ha reabierto el expediente. Los unos quieren ventearlo en Finisterre, los otros lo propio en Doñana, y finalmente los hay que quieren conservar las cenizas. Tras reunirse en capítulo, creo que viajarán a donde termina la tierra. Mi padre ha influido en la decisión. Ya se sabe que la Medalla Lenin da mucha autoridad moral.
            Ya que tengo el funeral, vayamos por las cuatro bodas. La primera, la de la Sra. Salgado, amiga del colegio. Me divertí mucho y me encantaría poner fotos. Sin embargo, mis amigos son de los que opinan que es mejor dejar las cosas a la imaginación, y no envían una foto aunque lo implores mesándote los cabellos. En la cena, Matahari me contó que ha empezado a trabajar en un sitio secreto. Así que no puedo decir el nombre. El antiguo director de este sitio, que es secreto –el sitio, no el señor: el señor dio el campanazo en la tele— tiene un hijo amiguete mío. Un día, en la cafetería de la Uni, clavó su mirada en una gacela rubia. Reconvenido por sacarle cinco añitos al animalillo, me espetó: a partir de treinta kilos es caza mayor. ¡Gran hombre Dezca! Pasemos a la segunda boda. Es una no-boda. Los Sres. Sanz y Albelda se han comprado un piso. Pese a ser abogados, y brillantes personas, me pidieron que redactara sus capitulaciones. Reconozco que me hizo mucha ilusión... y que les colé en el articulado que se comprometían a agasajar a sus amigos todos los años con una fiesta. La tercera boda es la de la Sra. Santa Olaya: 
Santa Olaya en las nubes - Mira el anillo, es nuevo. ¿Te gusta? –alargando la mano hacia mí.
-          - Ah, sí, qué bonito
-          - Es que me caso
 
La cuarta boda, boda-express, es la de los Sres. Ramos y Ortín. Será dentro de un par de meses, entre los naranjos y los olivos. Estos dos últimos casamientos nos han alterado un poco a la Sra. Ríos y a mí. Nos hemos apostado una cena del copón a ver quién de los dos se casa más tarde. Así que ya sabéis: concubinatos los que queráis, pero de bodorrio ni hablar. Voy a ganar esa apuesta. Aunque muera abrasado.

¿Cómo se ponen pies a las fotos? La primera es Sanz posando como Carod-Rovira en su nueva terraza. La segunda es Santa Olaya minutos después de decime que ya no podría casarme YO con ella. La tercera somos, grosso modo, los que iremos a su boda.
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Sobre los sujetos de Derecho Natural [Jul. 26th, 2007|01:12 am]
            Esta va a ser una entrada aburriente[1], así que si no te suena interesante el título, puedes pasar de ella.
           

[1] Decía Terry Pratchett que los esquimales no tenían una palabra para designar el hielo, sino una para el hielo del suelo, otra para el hielo con que construyen los iglús, otra para las placas que se forman sobre las rocas, y así. Los ingleses, que en lo de ser aburridos nos llevan ventaja, diferencian entre bored (que está aburrido) y boring (que causa aburrimiento). Pues eso.
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BOE de 18 de julio [Jul. 19th, 2007|07:29 pm]




Half a league, half a league,
Half a league onward,
All in the valley of Death
Rode the six hundred.

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No meu señorío da Riveiriña [Jul. 17th, 2007|10:40 pm]

Tras súplicas y amenazas, he conseguido que Moreno ([info]oskuro) me dé las fotos del finde en El Grove. El viaje fue un poco accidentado: el coche nos dejó tirados a mitad de camino entre... mmm... bueno, no creo que un sitio tan solitario pueda estar a mitad de camino de dos puntos habitados. Digamos que nos dejó tirados a treinta km de Ginzo de Limia. Aun así, cual correos persas, conseguimos llegar a nuestro destino. Un pelín o dos más tarde. Este es el resumen gráfico:


Moreno, Kaplas, del Barrio y Sáenz en la terraza. Al fondo la playa y el mar.


En el cruceiro. La mancha negra a la izquierda es Moreno.


Cerca del Lago de Bodeira. En lo alto de Siradella: a la derecha el Atlántico, a la izquierda la Ría de Arosa, a la frente Estambul, quiero decir, la praia da Lanzada y el istmo que nos une al continente. Poquito nos falta para ser ingleses, oye.


Amor y acantilados (pequeñitos) en la ermita de Nosa Señora das Mareas




¿y las fotos no pueden salir en un tamaño respetable? :s Uf, esto del LJ...

 

 

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Ad Corita [Jul. 16th, 2007|11:19 pm]

 Capítulo IV. De lo que le sucedió a nuestro caballero cuando estuvo en el gimnasio

     La de la siesta sería cuando corría yo en la cinta, tan contento, tan gallardo, tan alborozado... que me caí al suelo del susto cuando sonó el teléfono. Y esto, querida lectora, nos enseña que lo que mal empieza, mal acaba. Devolví la llamada entre jadeos que tal vez fueron malinterpretados. Me apresuré a aclarar que estaba en el gimnasio, con lo que conseguía soslayar mi lascivia y resaltar mi musculatura. Dulcinea saldría pronto del despacho y podíamos ir a tomar un café o a la exposición, luego había quedado para ir a las Vistillas. No pude inventarme una excusa para no ir por esperanza, vergüenza y desidia.
    Esperanza porque, por mucho que reniegue, la naturaleza humana es tal que siempre nos hace fantasear con ilusiones. Estas ilusiones son vanas pero, a la vez, un bálsamo frente a la vida. Πανδώρα, luego que dejó escapar tantos males, pudo cerrar la caja a tiempo para que permaneciese prisionera la esperanza, que permite a los hombres arrostrar cualquier sufrimiento. Si no nos detenemos en ello, parece que la esperanza fuera algo bueno, un regalo a los hombres. Entonces, ¿qué hacía encerrada con la Vejez, la Fatiga, la Enfermedad, la Locura y la Pasión? Estar en su sitio. Porque la Esperanza es otro de los males que azotan a la humanidad. La Esperanza nos convenció de ser la luz, cuando proviene de las tinieblas; nos convenció de que era nuestra voluntad dejarla encerrada, cuando realmente era la suya. Así, aceptamos cualquier tormento siempre que sea soportable, azuzados por ella. 
- ¿Sigues ahí?
- Ehh... sí, perdona. Te escucho fatal, debe de haber poca cobertura, ¿qué has dicho?
- Que si te parece bien ir como en una hora, no me queda mucho más aquí, mi jefe está de vacaciones.
- Sí, sí, perfecto.
    Seguí con mis ejercicios, al tiempo que meditaba sobre la vergüenza. No me apetecía quedar con Dulcinea, pero hubiera sido una tomadura de pelo invitarla a la exposición para luego decir que bien, que yo no pensaba ir, pero que deseaba que la disfrutara. La desidia viene en último lugar  (el que le es más propio, ciertamente), y es que no me había molestado en pensar en una excusa. Inventármela sobre la marcha hubiera sido mejor.
    Así, con tal entender, me duché y salí del gimnasio no sin antes preguntar si abrirían al día siguiente, festividad de San Isidro. No, el gimnasio cerraba sus puertas. Y en verdad fue una premonición, pues todas las puertas me fueron cerradas.
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Post policy [Jul. 12th, 2007|03:02 am]

Estaba dándole vueltas a qué publicar aquí. No soy exhibicionista, así que no me apetece hablar demasiado de mi vida. Quienes me conocéis, sabéis que puedo ser torrante con cada detalle. Pero, así, en frío, sin saber para quién... Además, hablar de mi vida es un dilema moral. En serio. No sólo es mi intimidad, sino la de otras personas. No tengo derecho sobre la vida de otras personas. Así que creo que, en el mejor de los casos, haré entradas para amigos (que en estos momentos ascienden a la cantidad de dos y a la calidad de indescriptibles) y dejaré las impersonales abiertas.

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Rushdie se divorcia [Jul. 4th, 2007|09:12 am]

Pobre hombre, todo son penas. Primero, varios cientos de millones de personas siguen empeñados en matarlo, y ahora este pibón le pide el divorcio...



Salman,  tienes mi apoyo en lo primero. En lo segundo... si la moza se queda libre... ya sabes que creo en la libre competencia y tal...

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